Sábado 17 de septiembre del 2006

Este día fue especial,
en casa nervios de punta
por llegar la marabunta
desde la ciudad condal.
Ya estaba lo principal
preparado y bien dispuesto
,aperitivos en cesto,
en bandeja y recipientes
que los mantienen calientes,
refrescos, vinos y el resto.
Largo se hacía esperar
pasada la hora prevista.
¿Problemas en la autopista?
Sin saber lo que pensar
insistimos en llamar
y el móvil no contestaba,
a las dos horas llamaba
terminando el nerviosismo
y de nuevo el optimismo
nuestro corazón llenaba.
Primera llega Sofía,
buena amiga y gran poeta,
para le espera receta
una cerveza bien fría.
Y nos llega la alegría
con David, Eva y Locura
que reclama con premura,
por ser tarde, la cocina
para hacer,dice,si atina
una paella de altura.
David buenas hambres tiene,
a los platos mete mano
que salieron muy temprano
y desfallecido viene.
Eva ya no se contiene,
todo lo encuentra sabroso,
no se salva del acoso
la papa ni la aceituna
todos picamos a una
con el humor más gozoso.
La charla es entretenida
con la poesía de base,
al tema dimos repase,
fue recitada y oída.
Se habla también de la vida,
nos hacemos confidencias,
comparamos experiencias
entre anécdotas y chistes,
bromas, véras, no rechistes
ni vengas con exigencias.
Al fin la paella sale
humeante y olorosa,
unos minutos reposa
porque se asiente y recale.
¡A la mesa, que bien vale
la espera ante tal regalo!
Con el paladar avalo
que está en su punto y crujiente,
la cocinera excelente
se libró del varapalo.
Y después la sobremesa
con buen café y los licores,
a Locura echamos flores.
¡Bien cumplida su promesa!
Ya no queda más sorpresa,
momentos de despedida
la tarde ya está vencida
y la carretera es larga,
es Eva la que se encarga
de acelerar la partida.
Maramín